El hombre primitivo (Las partículas elementales, Michel Houellebecq)

Michel y Bruno son hijos de la misma madre, pero de distinto padre. Son hijos de una madre que pasaba por allí y de un contexto enloquecido que les descentra para siempre el código emocional. Ambos huyen del pasado y de sí mismos, pero no en la misma dirección, están viajando en globo desde la Grecia clásica hasta las utopías cibernéticas. Desde allí arriba se puede saborear el paisaje, es una tragedia shakesperiana, plagada de gente que rueda por el acantilado, haciendo de la suya una muerte elegante y necesaria, propiciando finales, principios y continuidades. Quedando en un segundo plano, como si lo importante fuera la vida y sus vulgaridades.

Michel huye hacia sí mismo y se equivoca y lo sabe, pero no encuentra en sus tripas el cartel de salida. Va a ser joven y se lo pierde, está muy cerca de amar y no se da cuenta, tiene la felicidad a su lado en la cama pero no la ve porque mañana tiene que madrugar. Trabaja incansablemente y sin calor de nadie y sin consuelo en la edificación del nuevo mundo pero tampoco lo sabe. Es un desgraciado en el sentido estoico y falsamente digno de la palabra, pero a la vez es un hombre que merece ser respetado. Un hombre confundido aprisionado en un mundo que no es el suyo. Una bomba de Hiroshima viviente. Un hombre del futuro atrapado en el pasado. Un pasado comprado a plazos en el Monoprix. Triste profeta.

Bruno huye hacia fuera y es en sí mismo un piano en llamas. Quiere conocerlo todo, es el hedonista más grande que conoció el mundo y prefiere follar antes que pensar,
prefiere el sexo en todas sus intensidades, nacionalidades, colores, grandezas y miserias antes que sentir e incluso antes que hablar, sin embargo no puede para de pensar, de sentir ni de hablar. Bruno habla siempre que quiere, su cerebro tiene boca, sus palabras no pasan filtro alguno y eso lo convierte en un ninja y en un faquir. lpe hLa naturalidad del suicida. Bruno es un ser despreciable al que no puedes dejar de querer. Necesitas a Bruno porque Bruno va a decir lo que tú no te atreves a decir y después se hará pasar por loco para que tú puedas estar tranquilo en casa mientras él entrega su vida para redimir los pecados de todos. Si Cristo volviese en pleno siglo veinte también acabaría en un manicomio.

Ambos son los brazos y las piernas de lo poco que queda de una especie que nunca supo gestionar su dolor. Hombres torturados que vistos desde un futuro aséptico y esterilizado no son más que otro obstáculo en la evolución, un pequeño destello sofocado en la historia del cosmos. Ambos son demasiado tarde lo que nunca soñaron ser. Pesadilla y sueño húmedo de una era que se acaba y no volverá más.

(A través de una ventana dimensional se puede ver dormir a esas criaturas antiguas y primitivas, su imagen serena es engañosa, son capaces de albergar grandes cantidades de caos. Al observarlos, uno no puede evitar pensar en ellos como en los pilares que con su sufrimiento sujetaron y sujetarán por siempre la posibilidad, para ellos fantasmagórica, de un nuevo mundo que ya es presente. Ellos merecen nuestra admiración).

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