La marcha de la victoria (un hombre recomendable)



¿Es la vida una victoria construida a base de fracasos? No tengo esa respuesta ni las demás, pero pertenece el que les remite esta misiva a esa triste colectividad que siempre llega tarde a su propia vida, soy miembro de una poblada comunidad de personas que  tienen como denominador común el símbolo de sus cejas caídas por el peso de todas las cosas que no hicieron cuando se les brindó la oportunidad, las cosas que ya no harán porque ni siquiera existen, caminando siempre tres pasos por detrás de su alma, siempre cinco minutos tarde y con las manos vacías, con el vacío en las manos.

Una cosa es ser valiente y afrontar las consecuencias de los errores que fuimos sembrando en el camino y otra bien distinta es no arrepentirse por lo que hicimos mal. Yo me arrepiento y lo digo con serenidad, de todas aquellas veces en las que en lugar de saciar mi sed, derramé el agua por el camino, un camino tachonado de puertas que unas veces encuentro abiertas y otras cerradas, pero que siempre brindan la oportunidad de ser curioso, de asomarse a mirar al otro lado. En el mundo hay dos clases de personas, las que al ver una puerta cerrada deciden cambiar el rumbo y las que prefieren derribarla a cabezazos si es preciso. El ser humano yerra y a menudo sus errores lo manchan todo, todo se tizna de negro carbón y el ritmo natural de la vida se entorpece, los padres vierten sobre sus hijos sus frustraciones y quieren hacer de ellos copias perfeccionadas de sí mismos, marionetas de sus carencias que alegren con su baile autómata la boca que les alimenta, que restauren las heridas sangrantes de aquellos que por miedo al fracaso fracasaron tan alto que el estruendo aún se oye diez, veinte o treinta años después. Si los errores fuesen tan fáciles de enmendar, este mundo sería probablemente aburrido y monótono y nuestros hijos vagarían por él desilusionados y sin norte, a la espera de que el cielo decidiese por ellos. Nada por lo que luchar, nada por lo que vivir o morir, nada por lo que arrepentirse. Nada AMBROSIO MORALESEl hombre que inspiró estas palabras no es mi hijo, ni siquiera mi hermano, quizás tampoco buscaba su amistad cuando me la encontré, pero si de algo estoy seguro es de que él no es como yo, él no tiene las cejas caídas ni el reloj atrasado. No pertenece ni pertenecerá jamás a esa colectividad a la que antes me refería, él aprovecha cada brisa que dobla la esquina para echar a volar su avión de papel, no es que consiga lo que se propone es que se propone todas las cosas incluso algunas que no existen, cuando ve una puerta abierta la cierra, busca otra que esté cerrada y la abre y luego tira el tabique, él es un bálsamo para mí, los tipos como yo nos sentimos redimidos gracias a tipos como él, bendita gente que te tiende su mano y te lleva a ver los frutos de ese árbol que tú no te atreviste a plantar y te los da a probar y los hace tuyos como quien da un abrazo a un niño perdido.

Cuando mi querido compañero vio la posibilidad de unirse a vuestro encomiable proyecto, no lo dudó, me llamó y me dijo ¿tú me harías la recomendación? Esta vez yo tampoco dudé (uno va aprendiendo, al fin y al cabo) No se me ocurre nadie más recomendable que él para cualquier empresa, pero yo simplemente quería hacerles partícipes de que una vez más este hombre vio una oportunidad y fue directo a por ella y ustedes pueden valorar ese hecho como yo lo hago o pueden dejarlo pasar, somos conscientes de que habrá brillantísimos aspirantes con grandes méritos, mucho más labrados que los suyos, pero puedo asegurarles que si no tienen a bien abrir sus puertas para dejarle alcanzar este sueño suyo, él no se quedará en el suelo tendido, ni se sentirá menospreciado, mi amigo se levantará se sacudirá el polvo, cogerá su carpeta y buscará otra puerta para derribarla si es preciso, siempre con una ilusión marcada en la frente, siempre encontrando la manera de materializar sus sueños, siempre a tiempo, con un lápiz en una mano, su pequeño cuaderno de relatos en la otra y su inmensa alma de hombre pequeño caminando a su lado y al compás, como marchando quien sabe si hacia la victoria o hacia el fracaso pero siempre hacia la vida. Hacia la vida siempre.FUNDACION GALA

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